asociación de arqueólogos profesionales de la república argentina

Posicionamiento de la AAPRA en relación con el Rally Dakar

enero 5th, 2018 | Sin Clasificar | 0 Comentarios »

En los próximos días (6 al 20 de enero de 2018) se va a disputar una nueva edición del Rally Dakar que, en esta oportunidad y en su tramo final, atravesará siete provincias argentinas (Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y Córdoba). En la carrera —que se iniciará en Perú, pasará por Bolivia y culminará en Argentina— participarán alrededor de 340 vehículos entre camiones, automóviles, SxS, cuatriciclos y motocicletas, que se desplazarán por rutas formales, pavimentadas y de tierra, y por rutas informales en modalidad off-road, lo que constituye la esencia de esta competencia.

Una vez más, se producirá un fuerte impacto humano —el rally cobra vidas, tanto de pilotos como del público y de personas ajenas a la competencia—, ambiental y, en lo que específicamente nos atañe, arqueológico y patrimonial. Los vehículos, que en numerosos tramos denominados “especiales”, circulan a alta velocidad a través de áreas abiertas, por fuera de rutas o caminos preexistentes —muchas veces en zonas ancestrales, particularmente en el área andina—, generan una “huella” de decenas y hasta de varias centenas de metros de ancho (en estos tramos, generalmente se trazan rutas diferentes para los distintos tipos de vehículos). Todos aquellos elementos que se encuentran sobre la superficie, o inmediatamente por debajo de ella, son invariablemente afectados o destruidos. A su vez, la asistencia de gran cantidad de público en los diversos sectores del recorrido acrecienta el efecto mencionado (se estima que en la edición 2017, que atravesó Paraguay, Bolivia y Argentina, 4,5 millones de espectadores siguieron la competencia a la vera del camino; http://www.turismo.gov.ar/…/se-presento-dakar-2018-en-cordo…).

Más allá de la afectación real o potencial de rasgos superficiales visibles, es necesario tener en cuenta que el patrimonio arqueológico —consistente no únicamente en objetos de diversa índole, sino también en las relaciones entre tales objetos—deriva de las diferentes actividades llevadas a cabo por las sociedades humanas que habitaron nuestro territorio en el pasado y que, como aquéllas, se distribuye de modo heterogéneo pero prácticamente continuo en el espacio. En este sentido, los restos y contextos de valor patrimonial pueden ser hallados en altas concentraciones, como es el caso de lugares que funcionaron como sitios de habitación permanente o semipermanente, o de manera más dispersa y, al menos en apariencia, de un modo menos visible o evidente. Estas características particulares de los restos arqueológicos, es decir su extrema fragilidad y su amplia distribución en el espacio, hacen imperiosa la necesidad de llevar a cabo acciones preventivas de protección.

En Argentina, las autoridades nacionales —responsables de la tutela del patrimonio arqueológico y, por ello, obligadas a adoptar las medidas tendientes a su preservación, investigación y divulgación (Art. 4 Inc. a de la Ley Nacional 25.743/03) — y de los estados provinciales y municipales —poseedores del dominio sobre los bienes patrimoniales dentro de su jurisdicción (Art. 9 de la Ley Nacional 25.743/03) y, en virtud de ello, encargados de asegurar la realización de las evaluaciones de impacto ante la eventualidad de acciones de organismos públicos y de privados que pongan en riesgo la integridad del patrimonio arqueológico, así como auditar el cumplimiento de las medidas y recomendaciones derivadas—, con independencia de cuáles sean los gobiernos de turno, no alcanzan a tomar verdadera conciencia del impacto negativo del Dakar sobre estos bienes públicos irreemplazables. Antes bien, parecen privilegiar el negocio y el espectáculo por sobre la protección de los ciudadanos, de su entorno y de su herencia cultural (en este sentido, es sintomático que el Ministerio de Turismo de la Nación, a través de su cuenta oficial de Twitter, declare que “Este evento es sinónimo de desarrollo en los territorios, y promoción internacional de los destinos” 8:28 AM, 5 Dic. 2017).

El Rally Dakar ha sido desde su origen, y continúa siéndolo aun, un entretenimiento oneroso, fundamentalmente de ciudadanos de países centrales que no pueden realizarlo en sus lugares de origen debido, en parte, a la escasez de entornos naturales apropiados pero, fundamentalmente, debido a la existencia de normativas que lo prohíben y a su estricto cumplimiento; por ello, se lo exporta a lugares que se juzgan atractivos o exóticos (África, Latinoamérica). Es pues, en definitiva, un gran negocio y un emprendimiento con sesgo neocolonial, que sólo puede ser llevado a cabo en países cuyos gobiernos están dispuestos a poner en riesgo a sus ciudadanos y a su patrimonio natural y cultural, haciendo muchas veces caso omiso de la legislación que expresamente lo prohíbe (basta recordar, a modo de ejemplo, el paso del rally por el Parque Nacional Los Cardones en la provincia de Salta que, en 2016, fue intervenido por los guardaparques ante la pasividad de las autoridades de Parques Nacionales, que reconocieron que el paso del Dakar por esa zona era ilegal; http://www.lanacion.com.ar/1861266-en-tandas-y-a-50-kmh-el-…).

Nadie puede desconocer el hecho de que, en Argentina, existe un interés genuino de una parte importante de la población por este evento y por otros de similar naturaleza. Nuestro país posee una larga tradición de práctica del automovilismo y de otros deportes a motor, lo que implica que existe un gran fervor del público por todo lo relacionado con esta actividad. Por ello es innegable que, a lo largo de la ruta del rally, hay mucha afluencia de público, lo que lleva a que los pobladores locales —particularmente aquellos vinculados con diversas actividades económicas que se benefician con el espectáculo— adhieran fuertemente al rally y tiendan a no percibir o a soslayar el grave daño que éste conlleva en aspectos, al menos en apariencia, menos tangibles. En gran medida, esto se debe a la menor prensa que, en general, poseen aquellos que tratan de poner al nivel de la conciencia de la población los aspectos menos positivos —algunos de ellos manifiestamente violatorios de diversos derechos— de un gran negocio, como es el Rally Dakar.

Ante esta situación, la AAPRA ha manifestado desde el año 2008 —antes de la realización de la primera carrera— una actitud crítica respecto de este evento. En este sentido ha perseguido, como objetivo de máxima, el proporcionar argumentos que permitan a los organismos del Estado con poder de decisión quitar el apoyo necesario para la realización del Rally Dakar o de emprendimientos similares y, como objetivo de mínima, que los organismos del Estado Nacional, así como las autoridades de los organismos provinciales de aplicación de la Ley Nacional Nº 25.743/03 ejecuten las medidas necesarias para la salvaguarda del patrimonio arqueológico y den debida publicidad de ello. Las acciones realizadas para tal fin han consistido en:
– realizar reclamos a las autoridades pertinentes, enfatizando la necesidad de tener libre acceso a los estudios de impacto previos y posteriores a la realización de cada carrera;
– circular en medios de prensa y a través de ONGs comunicados orientados a concientizar a las autoridades y a la población acerca del impacto negativo de este evento sobre el patrimonio cultural en general, y arqueológico en particular;
– establecer una cooperación con instituciones afines en el ámbito nacional e internacional, orientada a coordinar acciones en torno a este problema; como resultado, se ha generado en 2016 un documento firmado en conjunto por instituciones de Chile, Argentina y Bolivia, titulado “Arqueólogos Unidos ante la Vulneración de Nuestra Herencia Cultural tras el Paso del Rally Dakar”, que ganó impulso en las redes sociales y fue publicado en diversos medios, entre ellos la edición chilena de Le Monde Diplomatique (http://www.lemondediplomatique.cl/article4456,4456.html);
– efectuar solicitudes de información a los asociados cuyas áreas de investigación estuvieran incluidas en la ruta de las diferentes ediciones del rally, acerca de daños concretos al patrimonio ocasionados por el evento.

En esta ocasión y por las razones arriba mencionadas, reiteramos nuestra posición crítica ante la realización del Rally Dakar en nuestro país —el único que ostenta el dudoso privilegio de haber sido sede de diez ediciones consecutivas de este evento (hay que recordar que Chile se retiró voluntariamente de esta competencia en 2016 por decisión parlamentaria)—, manifestando nuestra voluntad de continuar accionando, por los diferentes medios a nuestra disposición, para contribuir al logro de su erradicación definitiva.

La Comisión Directiva

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